03 septiembre 2005

Los presos saltaban por las ventanas para huir

En un intento desesperado por huir de la crecida de las aguas tras el paso del huracán Katrina, los presos de la cárcel de Nueva Orleans saltaban por las ventanas de sus celdas y caían sobre alambres de púa, donde permanecían a la espera de socorro.

Otros presos, sin embargo, murieron ahogados en sus celdas inundadas, contó Luis Reyes, un funcionario del sistema penitenciario.

Numerosos detenidos pudieron escaparse de sus celdas porque no había suficientes guardias para controlar la prisión, el Community Correctional Center de Nueva Orleans, cuando Katrina se abatió el lunes sobre la ciudad.

Reyes, de 33 años, agregó que fueron necesarios tres días para evacuar a los prisioneros, quienes durante todo ese tiempo estuvieron sin comida ni bebida.

“En lo peor de la inundación, los presos tenían el agua hasta el pecho; todavía hay muertos dentro de la prisión”, dijo.

Los prisioneros “dijeron que no querían amotinarse, pero que necesitaban que se les diera agua y comida. No teníamos nada para darles porque todo estaba bajo agua”precisó Reyes.

El funcionario penitenciario contó que en una prisión vecina “los detenidos comenzaron a saltar por las ventanas sobre alambrados donde permanecieron hasta que llegó el socorro. Para mí, lo más tenebroso era subir los pisos de la prisión porque los presos se escapaban de las celdas y abrían brechas en las paredes”, dijo.

“Se escaparon durante la noche porque estábamos faltos de personal. Los guardias no vinieron a trabajar. No teníamos nada planificado para una situación así, los presos se colgaban de las ventanas y trataban de tomar el agua inundada. Algunos tenían tanta sed que hicieron nudos en sus camisetas para, con una bota, sacar agua contaminada donde habían hecho sus necesidades”.

Cerca de 5.000 detenidos finalmente fueron reagrupados sobre un puente, a la espera de ser evacuados fuera de la ciudad.

El jueves, los presos fueron trasladados en camiones en colaboración con guardias penitenciarios enviados desde otros establecimientos. Pero los funcionarios penitenciarios de Nueva Orleans y sus familias debieron quedarse en el mismo lugar, dijo Reyes.

“Les dimos comida y agua pero estaban furiosos por haber sido abandonados a su suerte. Pasaron la noche sobre la rampa de la autopista con un centenar de otros evacuados”, agregó el funcionario. Finalmente el viernes llegó el auxilio esperado.

“Cinco helicópteros se acercaron hacia las 10 de la mañana y se llevaron a la gente al aeropuerto de donde debían irse en ómnibus”.

“Antes de subirme en el quinto helicóptero me sentí mejor, supe que en resumidas cuentas saldría de allí”, concluyó Reyes, quien sobrevivió cinco días gracias a algunos cereales.